viernes, 19 de octubre de 2007

Revolución sexual entre los peces

Para muchas plantas eso no tiene ningún mérito. Por ejemplo los árboles frutales. La mayoría tiene flores masculinas y femeninas, pudiéndose autofecundar sin problemas. Caracoles y lombrices de tierra son igualmente hermafroditas; copulan con cualquiera de su especie y ambos salen con huevos fecundados.

En el caso de los peces, crustáceos, moluscos y otras especies acuáticas la posibilidad es aún más sorprendente. Son naturalmente transexuales. Nacen machos y, de la noche a la mañana, se convierten en hembras. O viceversa. No es que parezca que han cambiado de sexo. Es que cambian a su antojo.



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El caso más llamativo es el del famoso pez payaso, el de la película de Buscando a Nemo. Sus colonias están formadas por machos de diferentes tamaños y una única hembra, la más grande de todos. Cuando ésta muere, el macho de mayor tamaño se convierte en hembra. El pez emperador es igual pero exactamente al contrario, todas son hembras y una se convierte en macho. Esta facilidad se conoce como “sexo impuesto”, y suelen ser los depredadores los que normalmente imponen el cambio.

Frente a ellos, las hembras del lagarto de Komodo o del tiburón martillo, por citar sólo dos ejemplos, son capaces de autofecundarse.

La novedad es que los científicos han descubierto serios desequilibrios sexuales entre los peces provocados por la contaminación, por nuestra contaminación. Cada vez resulta más frecuente localizar en las rías gallegas ejemplares hembra de la caracola Nucella lapillus con pequeños penes, y machos de carpa con ovarios en el río Ebro, ambos funcionalmente aptos para esa reproducción aparentemente equivocada. En algunas poblaciones concretas, la presencia de substancias prohibidas como el tributilo de estaño han disparado esta revolución sexual.

Todo tiene, sin embargo, su parte positiva. De esta manera, a través de tan increíble test sexual, carpas, truchas, salmonetes y camarones pueden convertirse en un claro indicador de la salud, de la mala salud, de nuestros ríos y mares.

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